Escritos varios
Fermín
-Yo, de mi casa no me voy.-No queda otra solución, papá. Estarás bien allí, con gente de tu edad, los cuidan mucho, tendrás con quienes charlar, jugar al dominó, mejor que acá, solo – había dicho su hijo, padre de Juani, quien junto a su primo Lolo hablaban en cambio, de llevar al abuelo a vivir a la casa de uno de ellos. Se ocuparían de lo que hiciera falta, ayudarían con todo, sin descuidar el colegio.
Dos meses después, cuando Don Fermín contrajo Covid –por suerte leve- y hubo que internarlo, fue más inmediato entender la situación.
No hay epidemia a cada rato, pero si el abuelo se volvía a enfermar ¿quién se haría cargo de estar con él, todo el tiempo?
Hasta Fermín mismo aceptó hacer la prueba que le propusieron.
El papá de Juani lo cargó en la camioneta con apenas un bolso de mano para no asustarlo y los chicos subieron con él, cantando la canción que les había enseñado, en uno de sus juegos.
A Fermín le caían lágrimas. Su hija también lloriqueaba.
-El domingo vamos a hacer un paseo por la Peatonal… ¿qué les parece?
Nadie respondió.
-O bueno, por donde quieran. No te preocupes papá, te va a gustar. Te iremos a visitar, harás nuevos amigos… será ideal.
-Ya basta mamá, el abuelo nunca estuvo solo, nos tiene a nosotros.
El viaje fue tenso, pero el arribo más. Había que dejarlo y saludar sin flaquear.
Vino a recibirlo gente muy amable y cordial. Fermín se aferró a sus nietos.
– Quiero volver a mi casa.
Hijo: – Papá, dijimos una prueba. Ya estamos acá, va a estar todo bien.
Juani y Lolo se colgaron de Fermín.
– Nos quedamos con él
Una asistente social acarició la cabeza de los niños.
– Mañana lo vienen a visitar a la hora que quieran. Ahora justo estamos por servir la merienda. ¿Le gusta el bizcochuelo, Fermín?
– Tranquilo abu, mañana venimos y traemos el libro de la selva para leer entre los tres.
Ambos hijos se despidieron con ternura
– Hasta mañana, papá. Te queremos.
Esa misma noche, cuando una de las cuidadoras hizo la última ronda -una vez terminada la cena y acomodado cada uno de los residentes en su dormitorio-, advirtió demasiada luz en la habitación de Fermín.
Se acercó y para su sorpresa encontró a dos niños leyendo un libro al reciente ingresado, casi dormido.
Hizo seña de que eso estaba prohibido y Lolo -con sus manos en posición de súplica, le rogó que les permitiera apenas un ratito más.
Ella accedió, indicando que solo por cinco minutos.
Fermín ya dormía, cuando sus nietos salieron planeando cómo llegar temprano con el desayuno, antes de ir al cole.